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Breve Reseña Histórica del Convento Dominico de Gotor

Breve Reseña Histórica del Convento Dominico de Gotor

«El convento de Ntra. Sra. De la Consolación del pueblo de Gotor, que es de cristianos nuevos, lo fundó don Jaime Martínez de Luna y Lanuza, Barón de Illueca y Arándiga, Virrey de Cataluña...»

..., así comenzaba el padre dominico Francisco Diago la historia del convento, pero sin puntualizar la fecha de su fundación, ni mencionar a los primeros religiosos de la Provincia que en él moraron. No obstante, es sabido que D. Jaime Martínez de Luna desempeñó el cargo de Virrey de Cataluña entre los años 1507 y 1513, durante el reinado de los Reyes Católicos.
Según este mismo autor, en las afueras de la población y concretamente en la ermita de Santa María Magdalena, se instalaron los primeros frailes de la Provincia, hasta que muerto el fundador, y a solicitud de su esposa Dña. Catalina de Urrea e Hijar, en el año 1520, el Maestro de la Orden de Dominicos, cardenal Fray García de Loayza, lo proveyó de ocho frailes procedentes del convento de Piedrahita (Ávila), nombrando Vicario de la Casa a Fray Jerónimo de San Bartolomé, y con ello, quedaba el convento plenamente organizado en ese año.


 La primera aceptación del convento por parte de la Orden de Predicadores se obtiene en el Capítulo Provincial de Alañiz, en 1522, “con los religiosos que en ella vivían según la regular observancia”. Al año siguiente ratificaba esta aceptación el Capítulo General de Valladolid. En estas actas se documenta que la casa es erigida en Priorato, siendo nombrado primer prior Fray Juan Micó y estando incorporada a la Provincia de Aragón y constituida como Casa de estricta observancia dentro de la Congregación de conventos reformados.
A finales del XIV, más concretamente el año 1383, los dominicos fundaban en Alañiz el convento de Santa Lucía y, a principios del siglo siguiente, el de Santa María de Linares en Benabarre. Pero el siglo de mayor esplendor y apogeo fue el XVI, erigiéndose con rapidez nuevos conventos: en Montalbán (1521), Gotor (1523), Ayerbe (1546), Caspe (1570), Monzón (1571), Colegio de San Vicente Ferrer en Zaragoza (1584), en Altajarín (1590), Graus (1599), Albarracín (1599), Santa Cristina en Jaca (1614) y San Pedro Mártir de Borja (1636).
El primer prior del convento de Gotor, el venerable Padre Juan Micó, gran figura de asceta y de apóstol, tuvo una gran influencia en los movimientos espirituales del Levante español. El padre Micó llevó una vida ejemplar, en su tiempo, “los mismos frailes buscaban la leña necesaria para el convento, el Conde de Luna enterado de ello, dispuso que sus caballerías llevasen la leña para el convento”. Permaneció en Gotor hasta el año 1528, año en que fue trasladado de superior al convento de Montalbán.
La figura de mayor relieve y que más tiempo vivió en Gotor fue el venerable Fray Alonso Valentín. De origen valenciano y natural de Almanzora (Castellón), se había formado en el glorioso convento de San Esteban de Salamanca. Fue trasladado a Gotor en 1530, y allí permaneció hasta su muerte en 1564. Durante este largo período fue lector, subprior, prior, comisionarlo de la Inquisición, apóstol infatigable de la Comarca, y gran misionero en las montañas de Jaca. Profeta reconocido, los Condes de Morata le tuvieron en mucha estima y muriendo en la casa parroquial de Morata en 1564. La condesa dispuso guardar los hábitos del difunto para ser enterrada con ellos, y consta que, al trasladar el cadáver desde Morata hasta el convento de Gotor, se vio un gran resplandor en el camino... Veinte años después de su muerte, se descubrió el sepulcro y se encontró el cuerpo así como las ropas en perfecto estado de conservación.
Como ya hemos referido, el siglo XVI fue el período más glorioso del convento, que logró subsistir hasta el año 1835 en que sería blanco de la desamortización. Entre los quehaceres apostólicos encomendados al convento, el más importante y específico, consistía en la atención espiritual de los moriscos. Esta misión evangelizadora tenía una importante relevancia tanto a nivel a nivel social como económico, si se tiene en cuenta que, los Reyes Católicos, en su Pragmática Sanción de 14 de febrero de 1502, ordenaban la expulsión de sus reinos de aquellos judíos y musulmanes que no se convirtieran al cristianismo. Este hecho podía acarrear, como de hecho ocurrió un siglo después en el reinado de Felipe III con la expulsión definitiva de los moriscos, una grave despoblación de los dominios señoriales, con el consiguiente perjuicio económico para los señores por la pérdida de productividad de sus tierras y la consiguiente disminución de sus ingresos.
 
Los dominicos aragoneses prestaron un cuidado especial a la población morisca, muy abundante en las riberas del Jalón, y concretamente actuaron en Calatayud, Magallón, Gotor y Borja. Extendieron la devoción al rosario, sobre todo fray Alonso Valentín, del convento observante de Gotor, y fray A. Garcés, del convento de Predicadores de Zaragoza.
Otra función, también muy notable del Convento de Ntra. Sra. de la Consolación, fue la actividad docente en el Estudio General. Si bien no contamos con noticias concretas de su funcionamiento, sí es conocida alguna referencia procedente de ilustres maestros que ejercieron su profesorado en el centro. Desde su fundación Casa de Estudios, contando con una comunidad numerosa. Según se desprende de la lectura del Capítulo General de Roma de 1656, a este convento, al igual que a otros seis más, se le confirió forma de Universidad, con todos los privilegios concedidos a su rango.
También se desconocen las posibles actividades de tipo parroquial que pudieron desempeñar o en la que fueron auxiliares.
Sobre su situación económica existe un informe que la comunidad de Gotor presentaba al Padre Provincial Fray Rafael Rifos, en 1613, para integrarlo en el memorial del P. Sicco, que en síntesis refería a cerca del convento que, “tiene de todo, recibe en dinero 1.100 libras; tiene pan, vino y aceite para 24 frailes, los cuales puede muy bien sustentar. Tiene presentes 22, a saber: 10 sacerdotes, 6 profesores y 6 frailes legos”. Este informe puntualizaba principalmente a cerca de una economía conventual un tanto desahogada, teniendo en cuenta las fértiles tierras donadas por el fundador y la existencia de una casa de estudios en la que al menos se impartían clases de Teología y Artes.
No se tiene noticias de lo acontecido en el convento durante las contiendas habidas en el siglo XVI, ni tampoco de la Guerra de Sucesión. Hay que reseñar un hallazgo numismático consistente en 186 monedas de cobre (un dinero de 1710) pertenecientes al reinado de Felipe V encontradas por alumnos del ciclo superior de E.G.B el 1 de febrero de 1988, en la zona del claustro del convento. Por el contrario, sí que se dispone de datos referentes a lo ocurrido en la Guerra de la Independencia: «El convento de Gotor que mantenía 11 religiosos en 1808, dio para la manutención del ejército patriótico: 200 duros, 6 candelabros de plata, la cruz de las procesiones y varios objetos de culto más».


Un decreto de José I Bonaparte, fechado el 1 de agosto de 1809, declaraba la supresión de todas las órdenes religiosas ampliándose con ello la supresión parcial decretada anteriormente por Napoleón. A los religiosos se les daba un plazo de quince días para abandonar el convento, estando obligados los exclaustrados a residir en sus pueblos de origen, donde recibirían la pensión procedente de las rentas de la provincia. Todos los bienes pertenecientes a las órdenes suprimidas pasaban a titularidad del Estado.
Al ponerse en práctica este decreto de José l Bonaparte, todos los conventos de Aragón fueron desalojados destinándose unos a cuarteles o edificios públicos, fenómeno que se repetiría igualmente en 1821 y en 1835.
En septiembre de 1809 se suspendieron los servicios de la comunidad de Gotor abandonando el convento por orden del gobierno francés que confiscó todos los bienes. Fray Sebastián Resano de la obediencia fue arcabuceado por el enemigo frente al monasterio de Bernardos de Ntra. Sra. de Veruela (Tarazona).
Los religiosos tomaron nuevamente posesión del convento el 7 de junio de 1814 encontrándolo sin muebles sin puertas ni ventanas. Su fábrica se había conservado gracias a los buenos oficios de los alcaldes que supieron eludir las ordenaciones de los franceses que repetidas veces quisieron incendiarlo.
 Una vez de terminada la contienda se hicieron tentativas para instalar en Gotor un seminario de misiones pero tal proyecto no cuajó. Las circunstancias no eran demasiado propicias habida cuenta de las muchas deserciones y de la falta de vocaciones. Así, en vísperas de la exclaustración de 1835, la comunidad se encontraba muy mermada, contando con tan solo 5 religiosos: 3 sacerdotes y 2 hermanos.
Ya en 1835, el Real Decreto de 25 de julio, durante el gobierno del conde de Toreno, establecía la supresión de los monasterios y conventos religiosos que no alcanzaran el número de doce miembros profesos. Aunque se ignora cuándo fue la partida definitiva de los frailes, posiblemente se efectuaría los primeros días de agosto de dicho año.
En 1843 la Junta Superior de Ventas Nacionales concedía gratuitamente el suprimido convento de Dominicos con su iglesia al Ayuntamiento Constitucional de Gotor que lo había solicitado para establecer en él la sede de las Escuelas y de la Parroquia. En la citada cesión no se incluía la huerta y el molino, que quedarían incomunicados del resto del edificio. Estos términos aparecen en la Escritura publicada levantada por el notario de Illueca Pedro Ortiz el 31 de marzo de 1843; en la misma escritura además, aparecía el inventario y la descripción de los edificios recibidos:
«En la Iglesia nueve altares deteriorados sin frontales estropeados y arrancados, algunos cuadros = sin confesionarios rotos = un banco de pino grande = La sacristía sin más que las paredes = Refectorio, sin bancos ni cosa. alguna; En el órgano parte de armatoste o armadura sin ningún registro = Todas las celdas sin puertas ni cerraduras = el coro únicamente con celosías = Once balcones de yerro faltando en la mitad de ellos los travesaños por la parte de abajo = Cinco rejas exteriores y cuatro en lo interior del edificio = Las ventanas y puertas de lo interior a excepción de cinco puertas todas se hallan arrancadas sin que aparezcan en el edificio, sin encontrarse relox ni otra armadura advirtiéndose en lo restante del edificio mucha parte de los tejados y suelos deteriorados por falta de cuidado y algunos de ellos amenazando ruina».
Durante muchos años el flanco sur del edificio conventual ha sido sede de las escuelas estatales, hasta que en la década de los años noventa se ubicaron en esa ala las viviendas del maestro y del médico.
Ya en el año 1949, y a pesar de la oposición del pueblo, el cura párroco vendía diversos bienes del convento, tales como el retablo del altar mayor a un anticuario de Barcelona. El edificio empieza a someterse a un despojo continuado: se asierran y desmontan vigas de madera, así como todos los materiales de forja de las dependencias conventuales del ala este y norte, además de la zona de iglesia y sacristías, acelerando todo ello la degradación del inmueble.
En agosto de 1983 un grupo de jóvenes descubrieron dentro de la iglesia dos cadáveres momificados, según reseñaba en su día la prensa local de Zaragoza, y que motivarían intervenciones posteriores en el lugar.
Desde entonces las intervenciones se han ido sucediendo y aunque todavía queda mucho trabajo por hacer, poco a poco el Convento Dominico de Nuestra Señora de la Consolación va recuperando su esplendor que tuvo en épocas pasadas.

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